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viernes, 24 de marzo de 2017

Desurbanizando la cuestión LGTBI: donde quedamos las transmaribibolleras del rural?


[original publicado en galego el 24 de enero de 2017 en revista Fouce, SLG]

Desde un tiempo a esta parte se viene hablando mucho sobre las diversas estrategias de visibilización y asimilación que experimentó la comunidad LGTBI en diversos campos, principalmente en el mediático. En apenas 10 años la cosificación identitaria que los medios de comunicación hicieron de la sexodiversidad fue tan orquestrada y acelerada que ahora ya resulta excesivamente complejo darse cuenta de los diversos estereotipos que se vinieron explotando y potenciando. Multitud de connotaciones binarias y sensacionalistas que constriñen y limitan una realidad LGTBI diversa y compleja. Casi el 90% de la visibilización existente está protagonizada por hombres cis, caucásicos, con empleos cool, con cuerpos normativos y vidas urbanitas. Así es, vidas glamourosas y exitosas que se desenvuelven en el interior de las urbes.

Desurbanizar la realidad y referencias LGTBI pasa por alejarnos del modelo hegemónico que se nos exporta desde Bruselas, las pasarelas de moda, Mediaset, Madrid, la publicidad sexista, el IBEX 35, Eurovisión, y por que no... Chueca. Estamos ante todo un conglomerado de espacios y grupos de presión que redefinen constantemente cual es el modelo a seguir para las personas LGTBI. Barrios tematizados, consumismo desenfrenado, fiestas privadas y selectas, ropa cara, turistificación, vigorexia, clasismo y, como no, racismo. Estamos ante lo que el activismo transfeminista denominó hace tiempo como 'capitalismo rosa'. Es decir, la globalización de un modelo estándar y extrapolable en todo momento y lugar; sin tener en cuenta la idiosincrasia, otras diversidades, etc.

Y bien, en esta ecuación capitalista, gaycéntrica y urbanita, ¿qué pintamos las personas LGTBI gallegas? Es más, ¿qué papel tenemos las personas que, de forma temporal o permanente, habitamos el rural? ¿qué tipo de referencias rurales tenemos, o podemos construír, en este contexto? ¿de qué forma se visibiliza la realidad LGTBI rural en los medios de comunicación? Muchos interrogantes y muchos debates que se solapan.

Yo, gay precario del rural, cada vez tengo más claro que debemos hacer un esfuerzo por evitar la chuequización de nuestras vidas en este país. Porque el 'capitalismo rosa' no está muy desarrollado en Galiza, pero estos procesos de colonización y asimilación nunca se desactivan esperando momentos mejores. No debemos olvidar que las empresas que hacen negocio con la cuestión LGTBI están muy interesadas en que el rural no tenga futuro. No vaya a ser que habitar el rural fomente la creación de estilos de vida críticos con la lógica neoliberal y entre en crisis el negocio del siglo: la tematización de nuestras identidades sexuales.

El modelo a seguir e imitar es el de la ciudad masificada, consumista e individualista. ¿Acaso creéis que el certamen Mr Gay World se hace pensando en los hombres con cuerpos no normativos que, además, habitan en el rural? ¿creéis que el evento World Pride está preocupado por el comercio local y las nuevas formas de habitar el rural en Galiza? Obviamente no. El 'capitalismo rosa' ignora la realidad LGTBI rural porque no contempla el rural como una posibilidad. Por eso nosotr*s, LGTBI rurales, somos tachad*s de ilus*s, ingenu*s o frikis por el simple hecho de plantear otras formas de enunciarnos fuera de las ciudades y de las metrópolis.

Las personas LGTBI no urbanitas que defendemos un rural diverso y con futuro debemos poner en valor otras referencias y vivencias LGTBI alternativas al canon gayfriendly. Otras formas de ser LGTBI que, hasta ahora, están siendo invisibilizadas por el relato oficial. Desurbanizar la realidad LGTBI pasa por no invisibilizar buenas prácticas que para much*s de nosotr*s tienen un rol protagónico en nuestra agenda militante: el trueque, el cuidado, el cooperativismo, la vida en comunidad, el decrecimiento, los saberes populares, el reciclaje, la convivencia intergeneracional y, como no, la defensa del patrimonio. Porque sí, la chuequización nos desgalleguiza en todos los niveles y no ayuda a normalizar la vida cotidiana de agricultor*s, ganader*s, pescador*s y gentes del rural que no son/somos heterosexuales. No olvidemos que lo que no se ve no existe, y parece ser que sólo existe el modelo Mediaset. Estamos ante un doble armario que debemos romper: el LGTBI y el rural. De nosotr*s depende que se socialice la idea de que en el rural siempre hubo gente LGTBI. Que el rural siempre fue diverso y abierto al mundo.

Alejarnos de la ruralfobia es un eje prioritario para nosotr*s, así como hablar de sexualidades disidentes más allá de las fronteras de la ciudad y visibilizarnos como rurales LGTBI que somos. Hay que dejar bien claro que la ciudad no es la panacea, que Chueca no es el paraíso y que no hay un sólo modelo de Orgullo. No debemos olvidar, compas de la trinchera sexodiversa, que es posible y urgente crear y potenciar nuestro propio imaginario rural; gallego y en gallego. Porque no debemos elegir entre ser LGTBI o ser rural; entre desenvolver una identidad afectivo-sexual o una identidad cultural.

Aquí y ahora... transmaribibolleras del rural por unas aldeas diversas!


martes, 29 de abril de 2014

"Reconceptualizando la praxis del ecofeminismo crítico", Isabel Álvarez y Ángel Amaro


Reubicar el sujeto político del ecofeminismo crítico entre el ecologismo social y el transfeminismo, para darle una vuelta de tuerca a los derechos ecológicos, sexo-afectivos, reproductivos y socio-culturales.

Una propuesta ecofeminista transfronteriza deberá ser capaz de evidenciar las interacciones e implicaciones sistémicas del feminicidio, el genocidio y el etnocidio, así como reconceptualizar interdisciplinar y cooperativamente los resortes del patriarcado capitalista. Generar nuevas sinergias que aborden las implicaciones de la LGTBfobia, el racismo institucional y la xenofobia; en relación, por ejemplo, a las realidades diversas y globales de las personas desplazadas, refugiadas y asiladas. En definitiva, caminar hacia un paradigma sociocrítico que evite los nichos hiperidentitarios (posmodernidad líquida) para superar las binarias trincheras ideológicas esencialistas (ej. revisar políticas identitarias y de inclusión de las diversidades). Para ello es preciso visibilizar el biopoder de las teorías recolonizadoras que son, en su esencia, eurocéntricas (y eurocentristas), globalizadoras, homogeneizantes y positivistas.



Lo que se pretende con este planteamiento es lanzar una crítica constructivista a los análisis ecofeministas y transfeministas de las realidades, generalmente disociadas entre sí, para hacerlos confluir en una propuesta de emancipación y vertebración de espacios globales comunes, ecosostenibles y antipatriarcales, a través de la repolitización del concepto de soberanía, asignándolo a los cuerpos, a las minorías sociopolíticas y a los pueblos. Se trata de abordar la construcción del sujeto sexuado, de los roles y de las expectativas de género desde una óptica mucho más completa, que abarque no sólo la identidad propia y colectiva del individuo, sino también aquellos procesos socio-culturales y políticos de su entorno. Este cambio de paradigma implica repolitizar, desde una visión antropológica, económica y sociológica, las identidades afectivo-sexuales; repensar los paradigmas y discursos para enmarcar políticamente los feminismos y los ecologismos dentro de los procesos de emancipación social y popular. Reconciliar para avanzar, reconstituir para vertebrar.
El ecofeminismo transfronterizo tiene en cuenta el solapamiento de varios procesos constituyentes de emancipación colectiva (cuerpos, minorías sociopolíticas, comunidades, pueblos, etc.)
Es sumamente importante que se profundicen los vasos comunicantes entre el conocimiento académico y los conocimientos/saberes populares y ancestrales. Sobre todo, a medio plazo, sería interesante que proliferasen y se democratizasen los espacios de participación política para todos los actores sociales que aportan a la construcción de las identidades individuales, colectivas y populares. Dentro de este empoderamiento, desde lo local y la frontera de la academia, es crucial que las minorías sociopolíticas en los contextos locales accedan a niveles dignos de bienestar, equidad y calidad de vida. Garantizar la construcción del sujeto sexuado, en un entorno libre de los roles sexistas y de las expectativas de género. Innovar mediante la implementación de agendas basadas en las micropolíticas de lo cotidiano, la autogestión, el cooperativismo, la educación emancipatoria, el apoyo mutuo, la sostenibilidad de la vida y los cuidados, etc.
Redimensionar las políticas de inclusión/exclusión, las realidades de la otredad y el postcolonialismo, el concepto de ciudadanía, la dimensión de los servicios públicos, la ética de los cuidados, etc. Para ello es necesario una reconcili/acción desde un ecofeminismo crítico con las cosmovisiones locales, las memorias populares, la puesta en valor de las capacidades de los pueblos y los conocimientos de los entornos rurales. Entender la territorialidad como un espacio de lucha habitable en (y desde) el que aprender a convivir con nosotros y nosotras mismas, y con aquello que nos rodea, teniendo muy en cuenta la manera en la que nos relacionamos con él a través de la alimentación, los cuidados y la convivencia con el patrimonio ecológico y cultural, así como la gestión de los ciclos temporales, desde una perspectiva que tenga en cuenta las herramientas que nos ofrece el territorio a través del arraigo local; replantear los procesos identitarios del yo individual/colectivo, cuyas emociones estén ligadas a la ética cuidadana, feminista, ecologista y transfronteriza. Hablar de un yo individual/colectivo surgido de los territorios, es entender el sujeto político como perteneciente a un ámbito en el que se constituye como persona. Es ahí donde debe actuar el ecofeminismo transfronterizo, de manera que influya en los procesos globales para destruir el régimen heterofalopatriarcal y ecocida: enemigo de las afectividades, de las sexualidades y de los territorios.