Mostrando entradas con la etiqueta LGTBIQ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LGTBIQ. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de octubre de 2014

miércoles, 8 de octubre de 2014

"Culos, anos, esfínteres y demás mierdas"


Ángel Amaro (2009)
El ano es el primer órgano político revolucionario por construcción social, su situación periférica en el canon sexual reproductivo lo ha dotado de una perspectiva global y definido como sujeto abyecto capaz de destripar la historia de la sexualidad formal.
La historia de la analidad es la ‘otra historia’: el devenir de mujeres, maricas, etnias, pueblos, clases sociales, anos, etc.
La cosmovisión denigrante y despectiva construida universalmente, asociándolo a sujetos parlantes concretos –sodomitas/putas/mujeres–, prácticas y roles específicos –pasividad fálica–, ha hecho del ano un elemento/espacio propicio para deconstruir la matriz heterosexual- /masculinista que se irradia como esencialista e inmutable.
La génesis del protocapitalismo no está en el patriarcado en general, ni en el control de las biomujeres por parte de los biovarones en particular. El biocontrol va más allá y sus intereses estratégicos ahondan sus raíces en estratos y escenarios discursivos poco tratados por el movimiento de liberación sexual: la mierda.
La analidad universal
Por un lado tenemos el monopolio/ asignación como función –el culo es del patriarca y sirve para cagar exclusivamente– y la invisibilidad/ ostracismo como órgano –el orgasmo anal no existe–. Por otro lado se despliega la privatización/ biocontrol como sujeto –las actividades asociadas al uso del ano son íntimas y denigrantes– y el desplazamiento del ano del campo social/ esfera pública. Todo ello forma parte de un holocausto anal que invisibiliza y patologiza a los sujetos que asignan al ano el protagonismo en sus prácticas sexuales.
El ano deviene en sujeto molesto y no productivo, no generador de riqueza humana/económica, y por lo tanto, no eficiente para el mantenimiento/ herencia del heteropatrimonio de las familias nucleares. El biocontrol ejercido sobre los anos es equiparable o incluso superior al ejercido sobre las vaginas, imprescindibles para el mantenimiento/ afianzamiento del binomio nuclear –reproducción social.
La tentación del sexo no productivo y dotar de funcionalidad erótica a un orgasmo abyecto y diaspórico está al orden del día, si tenemos en cuenta la revolución internacioanal que se puede desatar cuando todos los sujetos cognoscentes de la humanidad se den cuenta de que el ano es un sujeto universal que sobrepasa a los binomios de género y el esquema fálico/penetrativo.
Elementos como el lenguaje –anofobia, mierdofobia– o el urbanismo –aseos públicos, zonificación urbana– condicionan y recrean al ano como un ente que está pero del que nadie quiere hablar.
“Que te den por el culo”, “que te peten”, “beso negro”, “aprieta el culo”, “no te agaches por el jabón”, “vaya mierda”, “eres un por culero”, “pasivo de mierda”, “eres un cagado”, “vete a la mierda” son algunas de las barreras con las que se topa la Internacioanal Sucialista (IS), estigmas que hasta los gays emplean encontrándose a gusto en estas ‘performatividades’ eficientes en la Era Farmacopornográfica, como diría Beatriz Preciado.
Códigos que describen y definen una estructura holística en base a lo que debe entenderse por ano, sus funciones y sus implicaciones.
La anofobia universal
Claramente, podemos discernir e hilar una historia universal de la Anofobia y de la Mierdofobia. Un metadiscurso patologizante del ano humano, asociado al dolor, la fragilidad, la pasividad, las hemorroides, los gases, la mierda y la sumisión: Tanatos. Se definen de antemano como peyorativos todos los adjetivos calificativos asociados. Todo sujeto u órgano relacionado con el ano padecerá el estigma.
Hay que recalcar que, toda esta lógica anofóbica tiene su justificación en el hecho de que el ano es un elemento universal, todo el mundo posee uno. Si se produce una revolución en la que el protagonista es el primer órgano humano privatizado, deseoso de salir a la esfera pública, no productivo y definido como denigrante, estamos reforzando la democracia, lo público y la transversalidad del deseo humano como potencia creadora. Estaremos dándole voz a los sin voz, a los culos.
Tenemos que tener claro que a quién tenemos que ‘convencer para vencer’ analmente son a nuestrxs compañerxs y aliadxs ‘antipatriarcales’. Las feministas, el movimiento obrero y el movimiento gay han pecado y pecan de tener cierto reparo al hablar de temas como éste. Se maquillan las cosas con ‘identidades’, ‘géneros’ y ‘patriarcados’, cuando realmente hay que hablar de ‘anos’, ‘mierda’ y ‘liberación de esfínteres’. El discurso se escapa a varones/mujeres, transciende a debates academicistas autofagocitadores y moralistas que en muchos casos no pretenden tratar la génesis de la anofobia, sino más bien todo lo contrario, reforzar el binomio biovarón/biomujer. Debemos debatir en torno a dualismos que se han construido en base a actividad/pasividad, privado/ público, vagina/ano, productividad/ vicio, vida/muerte, placer/dolor.
Sodomizar
Es curioso ver actualmente como la anofobia con respecto a las heteromujeres se va disipando cada vez más, el biocontrol de un ano heterofemenino por parte de un heterovarón parece ser uno de los mayores goces y metas fálicas. Quizás por la magnitud de lo que representa el ano como sujeto privatizado, y por tanto que deviene en el primer órgano personal/íntimo/DNI, definiendo su invasión/control como una vejación/humillación de primer orden. En el capitalismo tardío, acumular anos penetrados equivale, en la lógica de la matriz heterosexual, a acumular sujetos violados, lo que retroalimenta la cadena heteromasculinista del “peta y sigue”. La doble hélice boca/ano cae bajo el control del heterovarón dotándolo de una perspectiva totalmente sumisa. La pornografía comercial de contenido heterosexual así lo refleja, cuantos más agujeros se controlen mejor, el triunfo del heteropene será inquebrantable.
Antes de que el primer varón levantase la mano a su mujer, o incluso más, antes de que el primer varón se dedicase a la caza y la mujer a la recolección de frutos y las tareas del hogar, todos los seres humanos apretaban el culo al unísono, silenciándolo y reconvirtiéndolo en un compañero de viaje incómodo.

Publicado en DIAGONAL

"¿Cómo ser lesbiana y no morir en el intento?"


Ángel Amaro (2009)
Una lesbiana, mujer homosexual presentada frecuentemente como compañera de ‘la lucha gay’, es en la sociedad actual, y concretamente en el movimiento ‘gay’, casi como un ente que pasa desapercibido en este supuesto camino de ‘liberación sexual e identitaria’. Trata de dejar huella e impronta en un terreno hostil como el de la liberación homosexual, perodiversos elementos se lo ponen difícil (lesbofobia gay, han leído bien). Como un hilillo de voz temeroso que reivindica su libertad e independencia militante detrás de la estructura del movimiento LGTB, las lesbianas hartas de que otros hablen por ellas parece que día tras día se organizan y militan de manera intensa, independiente y al margen de sus compañeros originarios de lucha.
Para vertebrar un discurso lésbico independiente, visible y con lenguaje propio, deberemos en primer lugar asegurarnos de que percibimos en la lesbiana una mujer lesbiana, y nosimplemente una lesbiana. Porque no hay derechos de las lesbianas si no existen y se garantizan previamente los derechos de todas las mujeres. La lucha de las lesbianas debería estar inserta en la praxis feminista (deseable) de una manera clara y rotunda. La homofobia en sus vertientes masculina y femenina no es en absoluto parecida. La lesbofobia, homofobia ejercida contra las mujeres lesbianas, es claramente distinta a la homofobia, ejercida contra los varones gays. La discriminación de las lesbianas es doble, por mujer y por lesbiana, siendo el componente ‘mujer’ decisivo en este tipo de homofobia.Son les-ionadas.
Las lesbianas son, frecuentemente, según informes del International Lesbian and Gay Association, víctimas de acoso sexual en los centros de trabajo (sin contar la invisibilidadlaboral), discriminadas en los centros de salud –heterocentrismo ginecológico– y educativos, añadiendo a todo esto la discriminación que en una sociedad sexista y machista como la actual sufre toda mujer por el simple hecho de ser mujer.
¿Os imagináis la situación discriminatoria que puede llegar a sufrir una mujer, lesbiana, anciana, campesina, viuda, prostituta, sin estudios, minusválida, de color, indígena,mutilada genitalmente y pobre?
Las gafas lilas feministas parecen ser la mejor herramienta para apreciar este tipo específico de discriminación que es tan parecida a la que sufren las mujeres heterosexuales,el machismo. Las lesbianas son vulnerables a un tipo de acoso, pobreza y marginación (económica, social) al que no son los varones gays. Las lesbianas, al igual que el resto de lasmujeres, están enmarcadas dentro de un sistema económico-productivo en el que los varones perciben una remuneración superior a la de las mujeres ante el mismo trabajodesempeñado, ellas cargan todavía con las tareas domésticas, existe violencia machista y decenas de asesinadas. Perduran binarismos de género que caen sobre la espalda de lalesbiana como un dique de hormigón; existe, por tanto, el heterocentrismo/sexismo/normativo.
El sistema patriarcal afecta lógicamente también a los varones gays (reproducción social, socialización sexista), pero de distinta manera que a las mujeres lesbianas (doble vertiente discriminatoria).
Referentes lésbicos
La existencia de referentes sociales –de aquellas mujeres que construyen una identidad lésbica visible sin temor a represalias– es necesaria en una sociedad heterosexista en la quetodavía el ser lesbiana es motivo de rechazo social. Estamos ante un proceso que se retroalimenta a sí mismo; si no existen referentes, las lesbianas seguirán apreciando un contexto hostil no propicio para el desarrollo de (auto)identidad/es sexual/ es, y mientras este contexto heteronormativo siga en vigencia, no se llevará a cabo ‘la explosión del armario lésbico’ y, por tanto, cre-acción de referentes liberadores.
Las adolescentes lesbianas, aunque en numerosas ocasiones no son conscientes, habitan hábitats inhabitables. Resisten en espacios no construidos por ellas (falocracia), se limitan a ser sujetos pasivos junto con el resto de mujeres. El socioespacio habitado es inhóspito yajeno a las lesbianas.
Porque la mayor lesbofobia es la invisibilidad. El lesbianismo en las adolescentes, las inmigrantes, las ancianas y las transexuales femeninas es un tabú aún mayor. Las reglas-marco están perfectamente dispuestas en el metadiscurso: sólo se percibe la construcción lésbica como un proceso identitario de mujeres occidentales, blancas, de clase media y cosmopolitas.
La construcción de referentes visibles no consiste únicamente en cierta ‘liberación’ mediática-festiva reducida en numerosas ocasiones a manifestaciones esporádicas o adeclarar tal año ‘el año de las lesbianas’, semejando el calendario chino. La visibilidad lésbica es diaria, tiene nombre y sufre en carne propia la marginación y los estereotiposheterosexistas. Y no debe ser motivo de proyectos liberadores nada ambiciosos y localistas. Se debe garantizar la existencia de un marco social propicio para la liberacción lésbica intra-intergeneracional e interétnica.
Por esta razón, se requiere una visibilidad mayor que la actual en todos los campos de la vida cotidiana. Visibilidad familiar (por más que le pese a algunos jueces), visibilidadidentitaria, visibilidad intergeneracional.
Pornografía heterosexista
La pornografía comercial-individualista, mercantilización cosificada de prácticas coitales, que no sexualeseróticas, cuenta desde su comienzo con un sujeto objetivado de lo mássuculento para el ojo del buen varón heterosexual: la mujer. El cuerpo de las mujeres, estigmatizado históricamente en lo referente a la sexualidad, fue resumido en cuatro opciones: monja, virgen, puta-ninfómana y estirada-frígida. Semejante cosificación de la sexualidad femenina ha sido fecunda en el sustrato idio-cultural de nuestra/s sociedad/ es. La ligazón entre sexo, falo, penetración y fecundación se ha traducido en un fenómeno claramente predecible: la inexistencia discursivo-política del sujeto lésbico. Por tanto, ‘el sexo lésbico’ es apreciado bajo una óptica falocrática- penetradora que se resume en lacomercialización de coito/pornografía distorsionada.
Esta visión sesgada de la/s sexualidad/ es lésbica/s hace perdurable en el tiempo dos mitos: el primero define el sexo lésbico como morb-vicioso e incompleto (ausencia de falo). Y el segundo entiende que las prácticas sexuales lésbicas deben ir orientadas hacia la satisfacción eyaculadora del varón heterosexual (tríos).
La pseudo pornografía que se consume hoy en día es uno de los mayores atentados contra la identidad lésbica que se pueden cometer: la dependencia extrema de las relacioneslésbicas respecto al varón. Se viola en todos los sentidos un ámbito en el que el falo no es bien recibido. Por esta razón se impone por la fuerza el gran falo del machito de turno, yaque no asume ser repudiado como bio órgano penetrador.
En este acercamiento sintéticoaprehensivo a la esfera-marco de la lesbianidad, no tardamos en descubrir cómo la lesbofobia y la heteronormatividad constriñen a las lesbianas como en la Edad Media los ajustados corsés de las mujeres de la nobleza enderezaban la columna y desdibujaban los senos de cuerpos invisibles con el fin de no reconocer la existencia de un cuerpo femenino independiente, diverso y (auto)construido.En el caso de las lesbianas, el objetivo es les-ionar estructuralmente la identidad sexual-corporal-social con el fin de mermar todo su potencial liberador-emancipador.

Publicado en DIAGONAL

lunes, 6 de octubre de 2014

"El mito del buen hetero-cazador"



Ángel Amaro (2008)



La masculinidad hegemónica

La heteronormatividad que deviene en obligatoria y dicotómica transcurre a lo largo de la historia de la humanidad como un monstruo mutante capaz de adaptarse a todos los contextos político-sociales y capaz de ser inoculado, con una efectividad y eficiencia jamás desarrollada, en “dos sexos” que devienen en complementarios y políticamente correctos.
Como bien afirma Deleuze, en la era del capitalismo tardío, el sistema capitalista muta, se transforma, de-genera en un sistema caótico a simple vista pero edipizante y esquizofrénico en el fondo. La dialéctica entre lo público y lo privado, la sociedad-conjunto y el individuo-particular, defendida por los hetero-ilustrados franceses, ha reventado por los cuatro costados deviniendo en lucha irreconciliable en vez de enriquecimiento mutuo.
Tal contexto bipolar y esquizofrénico en el que se muestran “escenarios planos” y estáticos, se nutre de dos procesos fundamentales: uno de ellos que sería el Renacimiento del siglo XV (“1º Renacimiento”:teorización de la heteronormatividad), la aparición de la Modernidad, el resurgir del varón como centro del universo (androcentrismo presentado como “antropocentrismo platónico”), el resurgimiento del cánon y la perspectiva, la racionalidad-ciencia, la definición complementaria, antagónica y excluyente de la bondad y la maldad, los géneros, y como no, los valores asociados a cada uno de ellos (macho y hembra).
En este primer proceso bipolar en el que se sientan las bases del patriarcado semiótico y científico se hereda y adapta la dialéctica existente entre la Virgen María (mujer casta-privacidad-esposa-reproducción social) y Eva (pecaminosa -vida pública-ámbito público-desviación social) al contexto social del renacer romano-griego.

Se pretende justificar la histórica división sexual del trabajo generadora de plusvalías para los hetero-machos, lo que Connell denomina dividendo patriarcal. Dividendo económico, social, cultural, sexual... El sujeto “mujer” debe elegir: o bien ser “una mujer pública”, estigmatizada socialmente, o bien, ser “una mujer privada”, relación monógama relegada al ámbito doméstico. Se visibiliza públicamente el canon perfecto, el varón ideal. El cuerpo de las mujeres se define como imperfecto y por tanto se desdibuja, se cosifica, se parcela. No se convierte en sujeto total e íntegro. Queda ligado a trastornos biológicos y naturales/ciclos agrarios (menstruación, menopausia, ninfomanía, frigidez), se la define como objeto carnal, pasional, terrenal (Dialéctica Virgen María-Eva), no se le concede el derecho a idealizar un cuerpo femenino, visibilizarlo íntegramente, teorizarlo sin androcentrismo.

Pero el 1º Renacimiento va más allá, se crea el contexto social para el “varón nuevo” (Fin de la Edad Media). Se configuran ciudades, conceptualiza la belleza, el arte, el conocimiento, los valores, etc.
El segundo proceso importante en la afirmación, legitimación científica y reproducción a gran escala de géneros binarios es el cientifismo europeo del siglo XVIII (Ilustración, “2º Renacimiento”) y el cientifismo edipizante-freudiano euro-americano del siglo XIX (“3º Renacimiento”. Constitución de las identidades sexuales, 1868).
Se legitima/actualiza teóricamente el heterosexismo y la violencia estructural/opresión sexual y simbólica (P. Farmer), al mismo tiempo, se desdibuja el escenario no-heterosexista, se fragilizan (Grimberg) a “las comunidades exiliadas”, no beneficiarias del reparto del festín de los tres renacimientos (tres vértices del Triángulo Edípico). Se retroalimenta el acto de insultar/agredir (Judith Butler) una y otra vez...

Se vertebran las identidades en base a características aparentemente biológicas e innatas. “El motor” del racionalismo ilustrado muta con la ética protestante del integrismo puritano (Religiones protestantes) y da lugar a una maquinaria semiótica-discursiva que no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Estamos ante “el fin de los géneros”, a semejanza del “fin de la historia” de F. Fukuyama. La dictadura de la razón hecha espada lamina y descuartiza, a semejanza de la vivisección, la riqueza sexual de la humanidad. Se cosifican científicamente cuerpos parlantes, surge el gay, la lesbiana, la prostituta, la ninfómana.
Este estado de cosas es importante en lo referente a la prostitución. El ejercicio de la prostitución (femenina) cae en una espiral sin fin en la que se bipolariza cada vez más el ejercicio de la misma (puta-cliente, status quo), pasando de ser un ejercicio o trabajo sexual puntual (estado transitorio) para muchas obreras de finales del XIX, para pasar a ser una identidad (estado permanente): “la puta”. Se creará una cosmovisión que la atrapará de por vida a su trabajo ocasional, invitándola a no existir como sujeto, pero sí como objeto. “Un silencio ominoso” (Kossofsky) parece recaer sobre ellas. Como bien apunta Bourdieu, se genera la existencia de un “habitus” tanto para las prostitutas como para los clientes. Un “sentido de lo correcto y de lo incorrecto, de lo legal y lo ilegal, lo moral y lo inmoral...”

Mutación del ultraliberalismo con el neopatriarcado.. Devenir de un hetero-allien...


Siguiendo con las tesis de Michael Foucault y aunándolas con las de Beatriz Preciado, podemos decir que en la era del neo-neoliberalismo, el sistema económico se sirve de los pilares del patriarcado y los hace suyo, los reinventa. La semiótica del ultraliberalimo basado en la acumulación y las leyes de oferta/demanda hace que los varones, aparte de devenir en hetero-machitos, devengan en hetero-consumidores de bienes sexuales, cuerpos cosificados, miembros amputados. A semejanza de los antropófagos, consumen “carne sexual”, identidades parceladas.

En la era de la farmacopolítica, el consumo del sexo, prostitución y pornografía, se convierte en un valor en sí mismo para el sistema sexo-género, generando grandes plusvalías para los estados-empresas y empresas-estados.Discursos normativos y procesos estructurales socio-económicos que perpetúan el masculinismo y la opresión del históricamente segundo sexo (S. de Beauvoir). 
El hetero-varón renace y se erige sobre sus propios hombros para expandir su mente y su falo ante el resto de la humanidad, a costa claro está, del resto de con-géneros, principalmente, las mujeres. Se niega la perspectiva integral del cuerpo-mente de la mujer, la lesbianidad (mediante la falocracia), el sexo entre varones, etc. El varón se apropia de lo público y la racionalidad/austeridad (política), renegando a las mujeres a lo privado y la emotividad/expresividad (proceso de socialización binario: ámbito doméstico). Un varón en lo privado es un calzonazos y sentimental es marica. Una mujer en lo público es prostituta y austera es marimacho. Se establece la socialización binaria encargada de reproducir género contrapuestos condenados a entenderse, la empresa mutua: sostener el patriarcado por la base.


Las mujeres presas de los hetero-cazadores...


Se reserva al varón el derecho de, al igual que el Coloso de Rodas, “tener un pie dentro y otro fuera” (privado/público). En lo privado no para contribuir a la reproducción social y sostenibilidad de los hogares, ni en lo público para prostituirse. El ámbito privado, en el contexto de la farmacopolítica, es el apartheid de género dónde habita el “cabeza de familia”, “el jefe de la manada”. Sus aprendices (hijxs) y el género femenino con la que tiene firmado un contrato-sexual (monogamia). En la privacidad, a él se le concede el derecho al consumo de pornografía. Consumida de manera privada, en ambientes homosociales algunas veces.

El exponente máximo del consumo de hetero-sexo es la prostitución. El “buen hetero-cazador” se siente fuerte y decide dejar la manada por un instante para satisfacer sus gustos antropófagos. No le importa realmente si consume bio-mujeres, travestis, menores en muchos casos, el caso es acumular, legitimar su posición de consumidor-propietario, alardear de la azaña, si es en un ambiente homosocial mejor, que se corra la voz, que se enteren todos, es necesario, su status está en peligro. Jefe de la man(m)ada y jefe del grupo. Hetero-referente para el resto del grupo y de su manada. Es el varón el que desborda testosterona, el que necesita desahogarse, “la fiera que necesita montar a su presa para domarla y echarle el diente”, su falo roza la insostenibilidad... Expectatitvas penetrantes deben ser satisfechas...


Nuevas masculinidades, el enemigo está en casa...


Algo parece incomodar al buen hetero-cazador, su manada se subleva: las mujeres comienzan su proceso de liberación y se insertan el mundo laboral (aunque cargue doblemente con las tareas doméstico-dependientes) y los herederos de la camada se comienzan a sublevar, el yugo del hetero-cazador se hace demasiado insostenible.

A todo esto hay que añadir las nuevas masculinidades que se redefinen o se adaptan en su grupo homosocial, receptor semiótico de sus hazañas antropófagas. La aparición-visibilidad de los gays, metrosexuales, hetero-desertores.. Puntos de fuga por dónde la falocracia pierde energía binaria, los mecanismos de cierre ya no están automatizados, se convierten en auto-reflexivos...
Todos ellos cuestionan la cosmovisión antagónica-excluyente del hetero-cazador, ya no se legitima intragrupalmente el consumo de cuerpos parcelados. Se convierte en una práctica marginal, que no reducida sino individualizada y estigmatizada en muchos casos.El hetero-cazador deviene en cliente-camuflado, entre otras cosas por el paradigma del feminismo de estado y la preponderancia de posturas abolicionistas que cuestionan moralmente su conducta depredadora. El hetero-cazador ve como su coto de caza está cada vez más parcelado y definido (prostitución de calle, pisos privados, locales de alterne...) no visibiliza al igual que antaño sus hazañas, si tal en un reducido grupo homosocial mientras se reparten el festín y los miembros de su presa. Su falo está herido pero aún da coletazos. “El falo hecho palo” (Beatriz Preciado) aún es el gayato del pastor que dirige al rebaño...
Las identidades ya no son tan estáticas en la era de la farmacopolítica, existen numerosos “contrasaliente” en las estructuras excluyentes (matriz heterosexual, J. Butler) de los sexos opuestos. Las nuevas masculinidades cuestionan los pilares básicos del buen hetero-cazador, pero ello no conlleva la erradicación de la prostitución sino al contrario, hay un salto cualitativo en su funcionalidad para la hetero-masculinidad. En un contexto globalizado caracterizado por constantes cambios socio-culturales (esquizofrenia e histeria colectiva), la idea es que la prostitución devenga en una subestructura primordial del neo-patriarcado. Los hetero-cazadores necesitan legitimar constantemente y con más intensidad su posición social en la jerarquía social. Sus hetero-identidades endebles dependen del interaccionismo simbólico. Definición conjunta (hetero-socialización homosocial) y excluyente de otra (maricón y calzonazos)

Estratégicamente la prostituta no tiene un valor por sí mismo, sino un valor para sí. En la era del interaccionismo semiótico discursivo no se consume sexo, se aliementa una identidad en crisis constante, un monstruo que deviene y “renace” diariamente. Ya no es que perciban en las prostitutas personas y mujeres, perciben sumideros receptores de energía “sexual” inducida. Muchas veces no sexual, sino mental. Materializada en “penetraciones falocráticas” por un sistema cultural androcentrista sobre el que se asiente la violencia simbólica materializada en la pornografía y la cosificación del cuerpo de las mujeres como reclamo publicitario. Se consumen “productos pasivos” (devienen en penetrados), definidos por el sistema ultraliberal y neopatriarcal como funcionales para los hetero-carroñeros (han descendido en la cadena trófica).

El buen hetero-cazador ya no es antropófago, es carroñero.


Publicado en HARTZA.COM